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KENDON MACDONALD SMITH: EN SU HONOR
La muerte del reconocido chef y crítico gastronómico Kendon MacDonald Smith sorprendió al país. Semblanza del polémico crítico escocés, amado por unos y cuestionado por otros, que se enamoró de Colombia y se convirtió, de paso, en uno de los principales impulsores de la gastronomía nacional.
Fue culpa de Aureliano Buendía. Y de Remedios la Bella, subiendo al cielo envuelta en las mantas del patio. Y de Úrsula. Y de José Arcadio. Fue culpa de Macondo. Un día, muchos años antes de llegar a Colombia, Kendon Macdonald Smith leyó Cien años de Soledad en su natal Lewis (Escocia), y quedó fascinado.
La imaginación desbordante de García Márquez le hizo pensar que éste era un país maravilloso y, sin pensarlo dos veces, se montó en un avión en busca de su propio Macondo.
Pisó esta tierra por primera vez hace casi veinte años, sin saber una gota de español. Fue profesor de inglés en Facultad de Economía de la Universidad del Rosario y luego, cuando ya se defendía, empezó a meterse de lleno en su verdadera pasión: la comida. Lejos estaba entonces de imaginar que la muerte lo sorprendería una calurosa mañana de sábado, en la habitación 1101 de la Torre de Juanambú, en Cali, cuando se disponía a celebrar el cumpleaños de su amigo Carlos Yanguas.
La noticia cayó como un baldado de agua fría: diversos sectores de la prensa junto a los más reconocidos chefs del país, lamentaron de inmediato su deceso.
Y es que Kendon se las había arreglado para no pasar desapercibido: con el paso del tiempo logró convertirse en una de las figuras más importantes del sector gastronómico, a pesar de que como él mismo reconocía, solía despertar amores y odios. Pero criticado o elogiado, amado u odiado, es imposible negar que este escocés escribió una de las páginas más brillantes de la gastronomía nacional. Para bien o para mal, Kendon MacDonald Smith solía estar en boca de todos.
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Quienes conocieron al escocés conservan la misma imagen en su memoria: Kendon era una persona bonachona, alegre, jovial, mamagallista, irónica, generosa y, sobre todo, amigo de sus amigos.
Fernando Quiroz, escritor y periodista, quien tiene una columna gastronómica en la revista Cambio, dice que Kendon era "un ‘gocetas' obsesionado por la comida. Recuerdo que siempre decía la misma frase, medio en serio, medio en broma: comida que no haga daño, que me devuelvan la plata. Era una persona que dormía muy pocas horas al día y siempre en desorden. Escribía cantidades: si sumamos la frecuencia de sus columnas, serían cerca de 30 mensuales en total".
Carlos Ordoñez, chef y propietario del restaurante Fulanitos, tuvo la oportunidad de conocerlo de cerca. "Fuimos muy buenos amigos", recuerda. "Él tenía un humor muy negro, muy británico, que aquí en Colombia a veces no caía muy bien y le creaba enemigos. Nos conocimos en la casa de unos amigos ingleses, hace ya varios años. Él sabía de mí por el libro que escribí (El gran libro de la cocina colombiana), y bromeaba diciéndome que lo había consultado tanto que ya se le habían caído las hojas de adelante. Tenía un gran amor por Colombia y siempre andaba con un chiste a flor de labio".
Con respecto a su libro, Ordóñez recuerda una anécdota con especial cariño: "Yo escribí ese texto hace muchos años y tan poca gente lo conocía que nunca me habían hecho una entrevista. De repente Kendon escribió sobre él en su columna y me puso de moda", cuenta.
Lo cierto es que, además de los diversos eventos de tinte social que apadrinaba, MacDonald se había convertido en un verdadero fenómeno mediático: escribía columnas gastronómicas para El Tiempo, Jet Set, Avianca, Diners, Vamos, Plan B, El país, Gatopardo, Portafolio y El Colombiano. Razón de sobra para calificarlo como una especie de gurú que influenciaba todo aquello que giraba en torno al sector. Como bien apunta Quiroz: "su amplia presencia en los medios le daba una especie de don de la ubicuidad. Se caracterizaba por decir las cosas muy de frente y a veces de manera cruda".
Pero quién sin duda lo conoció de cerca fue Sergio Barbosa, director del programa Estilo RCN, uno de sus mejores amigos. "Kendon era como un niño de cinco años que lo sabía todo. Un amigo de todo el mundo capaz de ver lo mejor de cada ser humano; un hombre irónico, muy inteligente, con gran sentido del humor a quien, por desgracia, la vida de las fiestas terminó atrapando. Eso sí: logró que los colombianos nos sintiéramos orgullosos de nuestra tradición culinaria", afirma.
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Kendon cambió los paisajes escoceses cargados de tradición e historia por la vivacidad de los territorios colombianos
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Impulsador de la gastronomia
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Pero, ¿qué tenía Kendon MacDonald para ser considerado el impulsor de la gastronomía nacional? ¿Por qué sus palabras producían tanto eco? "Quizás porque hacía muchas más cosas que escribir. Tenía ideas claras acerca de lo que podía realizarse en el sector y siempre estaba pendiente en las distintas formas de potenciar y mejorar cualquier evento que destacara la gastronomía nacional. No era solamente crítica: Kendon aportaba siempre su granito de arena. Además, cuando criticaba, lo hacía con fundamento. Por ejemplo, siempre le pareció absurdo que en Colombia tomáramos tan mal café sabiendo que producimos el de mejor calidad", explica Liliana Martínez Polo, periodista gastronómica del periódico El Tiempo.
Visión que comparte Harry Sasson, uno de los chefs más reconocidos del país, quien en el prólogo del libro "Mi cocina", escrito por Kendon en 2005 y editado por Planeta, escribió: "Domina los temas de la cocina como si fueran matemáticas básicas y puede hacer puré a cualquier orador que intente rebatir sus ideas. (...) Una conversación con Kendon McDonald es un bocadillo delicioso, especialmente cuando se le da por hablar de la cocina colombiana. Me parece por lo menos sorprendente que un escocés se haya convertido en uno de los pocos expertos en cocina criolla".
Macdonald se había convertido en un verdadero fenómeno mediático: escribía columnas de opinión para El Tiempo, Jet Set, Avianca, Diners, Gatopardo y Portafolio entre otros
El hecho de que fuera precisamente un extranjero quien se convirtiera en el principal crítico e impulsor de la gastronomía nacional, fue algo que molestó a más de uno. Aunque Kendon no era del todo forastero: en el 2006, vestido con una corbata amarilla, azul y roja, y rodeado de sus mejores amigos, recibió la nacionalidad colombiana que tanto anheló desde que huyó persiguiendo su propio Macondo. Era, en cierta forma, una manera de demostrar el inmenso amor que había llegado a sentir por nuestro país.
"La gente solía preguntarse por qué tenía que ser un extranjero quien hablara de nuestra cocina, pero lo cierto es que fue Kendon el que verdaderamente despertó el interés por la gastronomía colombiana. Sí, es cierto que le gustaba crear polémica, pero eso no le quita lo que aportó", dice Carlos Ordóñez.
Otra opinión tiene Carlos Gaviria, académico del Instituto Superior Mariano Moreno, quien mostraba su recelo frente a las actividades de Kendon. "Nunca fui muy cercano a él, pero tampoco estuve muy de acuerdo con que fuera alguien foráneo el que mayor impulso le diera a la cocina colombiana. Eso es una cuestión muy cultural, muy propia", afirma.
Pero más allá de la polémica, la pasión por la comida nacional llevó a Kendon escribir dos libros (Mi cocina y Sabores de Colombia), y se encontraba trabajando en un nuevo texto que contenía recetas de cocina sazonadas con sus aventuras gastronómicas a lo largo y ancho de nuestro país.
Por si fuera poco, MacDonald había lanzado, a finales del año pasado, una línea gourmet de sopas típicas como el ajiaco, el sancocho y el mondongo, en forma de productos enlatados.
Si alguien puede dar fe de su trabajo incansable por la gastronomía nacional es Carlos Pabón, director de la academia gastronómica Verde Oliva, a la cual Kendon estaba vinculado desde 2004. "Yo siempre lo había seguido en sus escritos, pues me gustaban los temas que trataba y la forma en que lo hacía. Alguna vez vino a Verde Oliva y me comentó que deseaba ingresar al mundo académico. Le ofrecí una cátedra y comenzamos. El primer curso que dictó fue "Cocine con Kendon" y los primeros en inscribirse fueron Andrés Jaramillo (dueño de Andrés Carne de Res) y su esposa. Kendon nos despertó la conciencia por la cocina", cuenta Pabón.
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Pero el impulso a la cocina nacional no lo dio sólo desde el papel: Kendon trabajó con ahínco promocionando festivales gastronómicos como el de Villa de Leyva; Granada Festivo, en Cali; Quindío Café y Sabor en el eje cafetero, y el Congreso Gastronómico de Popayán.
De igual manera, haciendo gala de un enorme sentido de responsabilidad social, estuvo al frente de eventos benéficos que buscaban recaudar fondos para los más necesitados. Kendon encabezó comitivas como la de Fundación Tejido Humano, la Fundación Pies Descalzos y la Fundación Andes.Una de sus iniciativas más recordadas se dio hace dos años, cuando Kendon convenció a cuatro de los chefs más reconocidos de Bogotá Leonor Espinosa, Jorge Rausch, Roberto Grau y Francisco Malca de cocinar para 4.300 estudiantes de colegios oficiales en el sur de la ciudad, como parte de apoyo al programa de Bogotá sin hambre.
"Creo que Kendon se dio cuenta de que el tiempo no le iba a alcanzar para hacer todo lo que tenía en mente y por eso estaba metido en tantas cosas. Lo que verdaderamente despertó su conciencia social fue ver que los niños del Chocó se morían de hambre. Eso lo impactó tanto que viajó cientos de veces a ese departamento y desde entonces comenzó a participar en decenas de eventos benéficos. Siempre les dijo a las fundaciones que lo contactaban que él no tenía dinero, pero que usaran su imagen para las buenas causas", comenta Carlos Pabón.
Lo cierto es que el nombre de Kendon MacDonald quedará grabado para siempre en la memoria del país. ¿Cuál fue su verdadero aporte? "Nos convenció de que la gastronomía colombiana está a la altura de las mejores del mundo", anota Fernando Quiroz.
"Nos dio autoestima al mostrarnos la importancia de resaltar lo que tenemos", agrega Liliana Martínez.
"Hay que reconocer, eso sí, que Kendon hizo lo que ningún chef colombiano se atrevió a hacer: volver pública la gastronomía nacional a través de su columna", puntualiza Carlos Gaviria.
Y aunque la muerte se lo llevó antes de tiempo, su recuerdo quedará flotando en la mente de quienes lo quisieron, igual que la presencia de los personajes del Macondo que lo trajo a Colombia.
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Gracias por su comentario Piedad, la invitamos a que siga visitando la pagina y nos aporte sus comentarios.
los medios donde escribia kendon tienen una tarea bien dificil para continuar las columnas, porque nos tenia acostumbrados a visitar ciudades, conocer restaurantes a estudiar la gastronomia a respetar opiniones. a mi, a continuar la dificil tarea de leer las columnas, eso si hay muchos que saben el tema y con analisis y profundidad pero hace falta la critica sin temores al sector
Muchas gracias por su comentario Gonzalo, lo invitamos a que regrese a la página y nos siga dando su opinion.
Kendon con su desafiante propuesta e imagen presencial fantasmagorica, convocaba a un mayor reconocimiento, mediatizacion y estandarizacion de de la gastronomia colombiana. Cocinaba y salpicaba con el sason de su colombianidad adqirida, su mordaz sentido del humor, decidida y prolija hiperactividad periodistica, un sancocho de olla y de ingenio al son de la gaita escocesa y colombiana el cual, reflexionaremos en las paladares de la gastronomía.
Propongo que su desafortunadamente corto, pero intenso legado habria que perpetuarlo con la publicacion de sus escritos tanto periodistics como sus cartas, clases, conferencias y charlas.
Hasta siempre, valiente paladar y paladín de nuestra gastronomía.