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No obstante, ella dice que “hay que entrenar todos los días, ser consistente para manejar los procedimientos; dosificación, compactación, todo. He estado muy dedicada a observar los cambios que suceden con el café basándome en mis conocimientos”.
Blanca participó por primera vez en un torneo en el año 2006, cuando se celebró el primer certamen nacional. Allí ocupó el tercer puesto, y con su excelente debut mejoró los aspectos que le faltaban para ganar el mismo concurso un año después. Blanca cuenta que en la primera edición todos los participantes eran nuevos, y se respiraba un ambiente bastante experimental. “En el segundo, a través de las enseñanzas que había tenido y las visitas que hice a distintos torneos internacionales, la preocupación de aumentar el nivel se hizo cada vez más fuerte”, dice. El siguiente paso, el reconocimiento internacional: participar en el mundial de Dinamarca.
Sobre esta competición, Blanca dice que a ese nivel no hay rival pequeño, y que el desenvolvimiento da sorpresas. “Puedo estar compitiendo con el mejor de los mejores y un accidente puede cambiarlo todo. En últimas, uno entrena para hacer el mejor café”. Esta participación le dejó a Blanca una grata experiencia, y para ella fue un honor representar al país. Allá hizo valer su constante entrenamiento, sus bases técnicas. “No llegué a Copenhague confiada pero sí muy segura de mi trabajo, de lo que fui a hacer. Allá estuve bien acompañada porque llevé un excelente café”.
Blanca participó con tres variedades de diferentes regiones: uno para capuchino, y dos para espresso. El torneo consistía en preparar cuatro espressos, cuatro capuchinos y una bebida a base de café y otros ingredientes, que fuera producto de la creatividad del barista. Su bebida fue el “Anonacafé”, compuesta por guanábana, sirope, leche de coco y espresso.
Concurso de alto nivel
Haber estado en el concurso fue una gran oportunidad para Blanca. “Sobre todo por el tiempo, la adrenalina, los jueces, el reloj que camina, y el hecho de estar con los mejores preparadores de café del mundo”, dice. Y es que quienes clasifican al campeonato son profesionales dignos de representar lo mejor de la cultura cafetera internacional.
El único secreto que los mejores baristas guardan es la organización, la disciplina, saber utilizar las herramientas y ponerlas cada una en su lugar. “Es una energía, un amor por esto, y siento mucho orgullo de haber representado a Colombia, porque aquí hay una riqueza maravillosa”. Los participantes fueron escogidos por su trabajo, su profesionalismo y la pasión vertida en cada tasa.
En la edición anterior, Colombia ocupó el puesto 38 de 42 concursantes, y la participación de Blanca supuso un avance para la representación del país en este torneo. Para la Federación Nacional de Cafeteros, la labor realizada fue un incentivo para que más personas se interesen en impulsar el conocimiento del café a nivel local.
El objetivo de Blanca, ahora, es volver a participar en el concurso nacional para de nuevo clasificar al mundial. La preparación será su prioridad para lograr de nuevo una excelente exposición. “Sin embargo, mucho de ello es suerte”, dice. “Ha habido campeones mundiales que participan de nuevo en los torneos de su país y no vuelven a ganar”.
Para esta colombiana, el reto nunca se detiene. Blanca es la exponente de una cultura alrededor del café que debe tener más cabida en nuestro país. “Aquí el nivel es bueno, pero falta entrenar, conocer más, aprender”, dice. Además de los productores y comercializadores, Blanca piensa que debe haber más dedicación por parte de todos los baristas para mejorar su técnica, sus conocimientos. Así, es posible crear un escenario de mayor nivel, en el que personas como Blanca dejen el nombre de nuestro país una vez más en alto.
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