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Diecisiete años después parece que no se ha logrado del todo tal unanimidad de entendimiento, sí no que por el contrario, ante un mismo resultado se conjeturan resultados diferentes. Confusión en parte generada por la ampliación de la cobertura de las estadísticas de turismo internacional a viajeros internacionales.
Intentando ser claros sin tampoco ser dogmáticos, es necesario recurrir a las definiciones que se han adoptado para medir el impacto de la actividad turística, de forma tal que a partir de ellas se pueda establecer cuál es el verdadero potencial turístico de nuestros destinos y deducir el tipo de turista que atraen.
El manual técnico, conceptos, definiciones y clasificaciones, de las estadísticas de turismo (OMT), el mismo que aprobó las Naciones Unidas, establece los principios y los criterios para la delimitación del concepto turismo, dentro de lo que se debe destacar que el turismo es un apartado dentro de la generalización de los viajes.
La acepción de turismo incluye también actividades que realizan las personas antes, durante y después de sus viajes y estancias en lugares distintos al de su entorno habitual, con fines de ocio, negocios u otros motivos. La estancia, a su vez, determina
Una clasificación entre los turistas que llegan a frontera y se alojan al menos una noche y aquellos que llegan a frontera pero no pernoctan y que se denominan visitantes del día (un ejemplo relevante corresponde a los visitantes que se originan en los cruceros que por estos días “llegan” a Cartagena). Estos últimos no deben ser contabilizados en el segmento del turismo internacional. Si se quieren contabilizar se debe hacer en un nicho aparte de los “turistas” en su acepción más pura. Esto significa que el turismo, desde el punto de vista de sus cuentas, es ante todo un concepto basado en la demanda.
Entonces, la persona que practica el turismo es llamada visitante; corresponde a aquel que se desplaza a un lugar distinto al de su entorno habitual por una duración inferior a 6 o 12 meses consecutivos (según la legislación migratoria de cada país) y cuya finalidad principal es la de ejercer una actividad que no se remunere en el lugar visitado. Por su parte un viajero es la persona que simplemente viaja entre dos o más lugares.
En cuanto al entorno habitual, este concepto tiene dos dimensiones: la frecuencia (los lugares visitados frecuentemente por una persona, forman parte de su entorno habitual, aunque estos lugares estén situados a una distancia considerable de su lugar de residencia); y la distancia (los sitios localizados cerca del lugar de residencia de una persona forman también parte de su entorno habitual, aunque los visite raramente).
Así pues, el entorno habitual consiste en una cierta zona en torno al lugar de residencia más todos los lugares visitados con frecuencia. Este concepto está basado fundamentalmente en la distancia y excluye explícitamente todo tipo de viaje rutinario.Por cierto, el concepto de distancia es relativo; treinta kilómetros en Kenya pueden ser toda una aventura excitante, mientras que a un bogotano le puede representar un enfadoso “trancón” que le impide llegar a su destino, transitando por un corredor turístico como el de Sumapaz.
Cabe señalar que la medición del turismo internacional se basa en la cuantificación de las “llegadas de turistas internacionales”, de manera que los registros hacen referencia el número de llegadas (arribos) y no al número de personas. Es decir una misma persona puede ser registrada como una nueva “llegada” en cada viaje.
En estas definiciones se aportan los primeros elementos para hacer la escisión entre viajeros y turistas internacionales. Es decir no todo “pasajero” es turista.
Por esta razón debería manejarse únicamente como referente los datos de la Aerocivil que no discriminan entre los segmentos de viajeros y de turistas. Es frecuente que en muchos análisis de la demanda se utilice erróneamente como fuente para establecer el volumen preciso del turismo receptivo. Por ejemplo, esta entidad registró, para el 2007, un total de 2.516.443 pasajeros internacionales llegados. Mientras que el total de pasajeros internacionales “salidos”, para ese mismo año fue de 2.588.765.
Esta situación tiende a empeorarse, parafraseando a Vargas Vila, pues buena parte de estos pasajeros corresponde al denominado “turismo étnico”, es decir aquellos colombianos que residen en el exterior y que “llegan” al país por motivos relacionados con visita a familiares, o como en casos frecuentes, por razones comerciales o de negocio.
Este tipo de viajeros no ha sido cuantificado pero se sabe que existen, más cuando se viene desarrollando toda una iniciativa comercial, financiera e inmobiliaria para atraer no solamente las remesas de divisas de estos colombianos desde el exterior y que en 2006 ascendieron a US$ 3.890 millones, si no a ellos mismos como quiera que al atractivo de la inversión en algunos casos se le añade un valor: un “viaje” a su país de origen, en este caso Colombia.
Como se sabe el efecto macroeconómico de las remesas de divisas desde el exterior ha superado a varias de las principales exportaciones en nuestro país, incluido el turismo. En efecto, para ese mismo año los ingresos generados por el turismo internacional en Colombia fueron de US$1.455 millones.
Pero las cuentas del turismo internacional no son exclusivas de los transportados vía aérea. De las 898 millones de “llegadas de turistas internacionales” en sus países miembros que en el 2007 registró en su barómetro la OMT, el 51% corresponde a motivos relacionados con el ocio, el descanso y la recreación. En este segmento se ubica la mayor parte de los llegados por vía terrestre.
Para nuestro caso los puertos de embarque del turismo internacional llegados vía terrestre, es decir por medio de vehículo, transporte colectivo o similar registran un comportamiento asociado a la dinámica de los negocios fronterizos. Estos puertos son: Cúcuta, Maicao, Ipiales, Arauca, Leticia
Por ejemplo, el Banco de la Republica en su encuesta recurrente sobre tráfico, estadía y gasto fronterizo de los viajeros fronterizos y su medición para la balanza de pagos, estableció que para el 2006 el total de viajeros que ingresaron por este medio a nuestro país fue de 8.611.857. De este total únicamente el 6,1% son turistas.
En consecuencia, las diferentes connotaciones de los viajes vienen generando confusiones irreconciliables que apuntan a visiones diferentes de la capacidad competitiva de nuestros destinos en los mercados emisores del turismo internacional. Y lo que es peor sin el conocimiento preciso de tal capacidad.
Desde el punto de vista economicista la dimensión indiscriminada de viajeros que ingresan al país representaría un alto potencial turístico en el sentido que muchos de estos, de todas maneras, ejercen una demanda sobre la oferta de productos y servicios turísticos: alojamiento, transporte, alimentación, esparcimiento y en algunos casos hasta compras.
Pero desde el potencial real del atractivo y la capacidad competitiva de la oferta turística, entendida ésta como su verdadera capacidad para comercializar exitosamente su oferta en los mercados internacionales, debería precisarse cuantitativamente y cualitativamente el tipo de viajeros que llegan a nuestros destinos, pues la situación parece ser bien distinta.
En algún trabajo conjunto con Proexport se pensó en definir un nuevo segmento: “turista certificado”, entendido como aquel que se produce de un resultado directo de las acciones de comercialización y promoción turística que se desarrolla. Pues más allá de la medición del impacto macroeconómico y de la incidencia de esta actividad en el PIB, el principio del dato accesible, objetivo, confiable y oportuno debe prevalecer de forma tal que fundamente la gestión eficiente de los recursos públicos, oriente acertadamente al inversionista, realimente al gestor particular y le permita al ciudadano acceder a una información fidedigna.
Sin embargo, y como desde hace diecisiete años, la falta de homogeneidad en el manejo de los conceptos, la multiplicidad de fuentes de información y la apatía del sector privado con el suministro de registros fiables vuelven a clamar por la necesidad de redefinir y poner en funcionamiento un nuevo sistema de registro e información turística eficiente, comparable y fiable.
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