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EDICIÓN #29






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EDICIÓN 29 - Un perro muy caliente estrategias compañía concurso comer perros diez minutos



UN PERRO MUY CALIENTE

Además de ser la compañía de perros calientes más famosa de Estados Unidos, Nathan’s se encarga de organizar, año tras año, un legendario y peculiar concurso que cada vez gana más adeptos.


 

El pasado cuatro de julio, día de la independencia de los Estados Unidos, cientos de personas se reunieron en la esquina de las avenidas Surf y Stillwell en Coney Island, Nueva York, para presenciar uno de los espectáculos más tradicionales de la cultura gringa. Como cada año desde 1916, ese viernes, 21 ‘deportistas’ –jóvenes acuerpados, adultos obesos y un par de mujeres– se alistaban para participar en un torneo que ya es legendario en el país del norte: el Nathan’s Famous Fourth of July International Hot Dog-Eating Contest. Luego de arduas jornadas de entrenamiento, los concursantes estaban listos para averiguar cuál de todos sería capaz de ingerir la mayor cantidad de perros calientes en tan sólo diez minutos.


La competencia pintaba reñida, sin duda, sobre todo por dos viejos conocidos que desde hace tiempo se tenían entre ojos: Takeru Kobayashi, de Japón, quien luego de seis años consecutivos como rey indiscutido había sido desbancado del trono en 2007; y Joey Chestnut, de San José, California, un osado y tanto obeso estadounidense que le había arrebatado el título luego de comer 66 perros calientes en tan sólo 12 minutos.

Con el público a su favor, Chestnut se sentó frente al plato para demostrar por qué era el nuevo ‘rey de los perros calientes’. Pero Kobayashi, herido en su orgullo, no estaba a dispuesto a dejársela tan fácil. Cuando el reloj empezó a correr, los perros calientes fueron despareciendo raudos y pasaron a atragantarse en las bocas de los concursantes. Atrás empezaron a quedar los más débiles: Kevin Ross comió apenas 14 antes de darse por vencido; seguido por Arturo Ríos, con 16, y Pete Davenkos, con 18.

Poco a poco cayeron todos, hasta que al final quedó el mano a mano: Chestnut y Kobayashi ingerían esa mezcla de pan, salchichas y salsa con una parsimonia asombrosa. Ninguno de los dos daba el brazo a torcer: 10, 20, 30, 40… Cuando el cronómetro se detuvo, el resultado sorprendió a todos: empate técnico en 59 perros calientes. ¿Qué hacer? Los jueces del torneo –Major League Eating Officials– encontraron la solución: darían a cada uno un plato con 5 perros calientes y quien primero pudiera devorarlos sería el campeón. El Mustard Yellow Belt, o cinturón que acredita al campeón de los ‘pesos pesados’ estaba en juego. Chestnut contra Kobayashi. Estados Unidos contra Japón. La tierra de la libertad contra la del sol naciente.

El cronómetro corrió de nuevo y Chestnut devoró los perros calientes con una rapidez que haría sonrojar a Michael Phelps, el gran ‘tiburón de Baltimore’: el plato vacío en apenas 50 segundos. ¡Estados Unidos ganaba! ¡De nuevo campeón! El público estalló en júbilo y Chestnut, con evidentes muestras de cansancio por tan arduo esfuerzo, levantó el cinturón en medio de una multitud enloquecida.

Por ahora, Chestnut aspira a mejorar su récord personal pues está seguro de que el próximo año Kobayashi regresará con hambre de triunfo.

La apuesta de Nathan's

Aunque parezca divertida y hasta insólita, esta escena se repite año tras año, desde 1916, gracias a la compañía de perros calientes más famosa de los Estados Unidos: Nathan’s. La empresa fue fundada ese mismo año por un inmigrante polaco llamado Nathan Handwerker y su historia representa lo que tantos llaman ‘la conquista del sueño americano’.

Nathan’s empezó como un pequeño puesto callejero atendido por Handwerker y su esposa Ida; poco a poco, a base esfuerzo y buenos negocios, la cadena fue creciendo hasta convertirse en la más popular de los Estados Unidos. Y no es broma: personajes legendarios como Al Capone –el famoso gangster estadounidense de los años treinta– y el cantante Jimmy Durante, solían visitar el lugar con relativa frecuencia. En 1939 la adena se volvió mundialmente famosa cuando el entonces presidente, Franklin Delano Roosevelt, le sirvió perros Nathan’s a la reina de Inglaterra. Más adelante los comería, también, con personajes como el premier británico Winston Churchill y el ruso Jospeh Stalin. Se cuenta que unos años más tarde el gobernador del estado de Nueva York, Nelson Rockefeller, declaró que “ningún hombre puede aspirar a ser elegido en este Estado sin antes ser fotografiado comiéndose un perro caliente en Nathan’s”.

Pero la cosa no para ahí: Barbara Streissand, la popular actriz y cantante, hizo que una vez le llevaran cientos de perros Nathan’s a Londres para una fiesta privada que ofreció; un episodio de la popular serie Seinfield gira en torno a la cadena y, más recientemente, el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, declaró al de Nathan’s como el “mejor perro caliente del mundo”.

A través de una innovadora estrategia de puntos de distribución, los perros Nathan’s han logrado una expansión sin precedentes a lo largo y ancho del territorio americano. Los productos de la compañía son vendidos dentro se un sistema de restaurante propio y de un amplio espectro de servicios de comida al detal. En otras palabras: la estrategia de Nathan’s incluye vender sus perros en más de 7,700 locaciones de comida en el país y en la misma cantidad de supermercados y tiendas. Además, son constantemente promocionados por comerciales en televisión y su posicionamiento de marca es bastante amplio.

En la actualidad Nathan’s hace presencia en 50 estados del país del norte y es vendida en más de 20,000 cadenas de comida rápida y restaurantes. Según reportes de la compañía, tan sólo el año pasado vendió 360 millones de perros calientes en los Estados Unidos. Su propietario, Nathan Handwerker, hace parte de la lista de los 100 personajes ilustres de Nueva York, al lado del beisbolista Joe DiMaggio, Irving Berlin y Andrew Carnegie. Por si fuera poco exporta sus productos al extranjero y, según estima, vende en más de 18,000 locaciones alrededor del mundo. Por ello Nathan’s es considerada toda una institución en el tema de los perros calientes. De eso, al menos en Estados Unidos, a nadie le quedan dudas.



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