sobre su propio establecimiento antes de despotricar sobre la industria de la buena mesa. Encuentro atrevido y algo irrespetuoso a Kendon. Invito a los lectores de su columna a que visiten Terracota, estudien el menú, la carta de vinos, el servicio y concluyan personalmente. Bueno sería que los medios publicaran las conclusiones de los comensales de Terracota.
Recuerdo algunos de sus escritos, y los encuentro poco objetivos. En algunos casos habla de los baños, en otros de García Márquez, del caminado de los meseros, del color de las paredes; opina de la salsa tal o cual, desconociendo que en la cocina como en el arte el carácter y el estilo es propio de cada cual. En Colombia no sólo tenemos buenos jefes de cocina, contamos con cocineros y cocineras de lujo. En Cartagena, Cali, Bogotá, San Andrés; en cada esquina, en cada casa, en cada región de Colombia se come delicioso. Menciona el Sr. Kendon en una entrevista que para llegar a ser un buen chef se debe estudiar y estudiar, tener miles de libros de cocina. Difiero de esta apreciación. Mi marido, por ejemplo, es fantástico en la cocina, y jamás lo he visto con libros de recetas en mano. Por el contrario, improvisa de manera magistral y hace uso delos ingredientes frescos que encuentra en la plaza. Eso le permite crear maravillas culinarias que muchas veces no puede volver a preparar. ¿De cuándo acá existen fórmulas para lograr un buen plato? ¿Será que la técnica del maestro Botero para pintar me permitirá llegar a ser un genio de la plástica? Un crítico de la gastronomía debe ser como el curador de arte: profesional, objetivo, profundo, serio. No encuentro ninguna de las anteriores virtudes en el Sr. Mc Donald. La cocina criolla o la cocina mediterránea o la fusión o la de autor son todas culinaria. Lo importante es que los ingredientes sean de óptima calidad y que quien los utiliza cuente con el talento, ese talento de pocos, ese talento que no creo tenga el chef McDonald. Si lo tuviera, miles de comensales colombianos y extranjeros atiborrarían las mesas de Terracota, difícil sería lograr reservaciones en su sitio y la ovación general del publico se haría sentir. Bogotá es una ciudad cosmopolita, y es increíble que medios tan importantes como El Tiempo, Cambio, Credencial, Diners o Fucsia no tengan en su bandera críticos finos, cultos, expertos, que le permitan a la ciudadanía decidir a dónde ir a cenar con base en un criterio objetivo e imparcial. No creo en el Sr. Kendon, y quisiera saber si vino de las tierras altas o bajas de Escocia, dónde estudió, cuáles han sido sus reconocimientos y premios, cuál su plato insignia, en fin... Lo único que por ahora sé a ciencia cierta de él es que conoce a qué sabe el famoso Dry Martíni. ¿Lo preparará con Bombay Saphire o Tanquera y Ten en Terracota? |